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SUS
VIVENCIAS EN EL HOGAR DE JUNÍN DE LOS ANDES
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1899 se divulgó en Neuquén la noticia de que las Hijas de
María Auxiliadora habían abierto en Junín de los Andes
un colegio para educar a las hijas del pueblo y de sus alrededores.
La mamá de Laura, y de Julia Amanda,-cuenta la historia- se encuentra con la respuesta a su inquietud, desde siempre había sido la educación cristiana de sus hijas. La Hermana Piai, directora en aquel momento las recibió con prontitud, el 21 de enero del 1900. Cuenta el P. Crestanello, su director espiritual, que Laura “no cabía en sí de satisfacción” y su misma mamá, estaba maravillada de su alborozo, Laura entre contentos decía ¡Soy verdaderamente feliz! Las niñas llegan al Hogar en el mes de enero. Eran vacaciones y el colegio estaba desierto. Laura en su nuevo ambiente aprende a cuidar su persona, su cama, su ropa, todas sus cosas, participaba con las hermanas en sus oraciones, recreos, y charlas amenas. Llegaron sus compañeras de hogar, casi todas eran de la cordillera, del campo, sencillas. Con frecuencia lloraban el estar lejos de su familia, y de sus ovejitas. Tenían hermosas miradas limpias, como flores de montaña. Era una casa de adobe, muy sencilla, pero tenía un regalo dentro de su patio interno, un pozo, un jardín, y una huertita, estaba todo orientado al sol de los Andes, como los corazones de las misioneras con las amadas jóvenes que día a día llegaban al Hogar. En el hogar las fiestas eran un momento de vida, en que el canto, el teatro, el juego y la buena palabra eran el fueguito que alentaba. El catecismo, y la formación cristiana hacían parte de las jornadas del hogar. En este ambiente encontró a sus mejores amigos, y confidentes, Merceditas, y el clérigo Ortiz. Con quienes compartía sus vivencias pero en especial sus ideales, el gusto por la bondad, y la constante tarea de hacerse santos. Eligió aquí a su confesor, y director espiritual, El P. Crestanello, quien apoyo, y orientó el camino de libertad interior, y santidad en lo cotidiano de esta amiga nuestra. En poco tiempo aprendió junto a Merceditas a vivir cada momento y vivirlo en amor. Con frecuentes oraciones pequeñas, y con el corazón entregado a lo que la vida le ofrecía para ser cada día más de Jesús y de sus hermanos. El Sagrario del Hogar era lugar de cita para Laura, quien con frecuencia la buscaba, la encontraba allí. El jardín que entre todas cultivaban, recibía de Laura atención, y cuidado, disfrutaba haciéndolo. Con frecuencia por la pobreza en que vivían, tenían para alimentarse legumbres en la pobre mesa de Junín, a Laura le costaba comerlas, pero se animaba junto a Merceditas, para aceptar comerlas para el bien de su salud. HMA ABB |
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