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DON
ZATTI - Proceso de Beatificación
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| Hacia los
altares
La fama de enfermero santo
se extiende rápidamente y su tumba es venerada por el pueblo.
Mons. Miguel Esteban Hesayne,
Obispo de Viedma, ciudad donde el Venerable pasó la mayor parte
de su vida afirmó:
Monseñor Jorge
Mayer, Arzobispo de Bahía Blanca y Metropolitano de la Patagonia,
(hoy emérito) dijo:
Mons. Miguel Ángel Alemán, Obispo de Río Gallegos: “En los siete años que pasé como Administrador Apostólico de Viedma, pude comprobar el acendrado cariño, respeto y veneración por su virtud… Viven aún muchos que pueden atestiguar de modo fehaciente el heroísmo de su caridad, en especial con los más pobres y más abandonados. Fue durante muchos años el ángel protector de los desamparados en el viejo hospital… Por esto (Viedma) le ha elevado un monumento en la esquina del nuevo hospital provincial. Y es posible ver siempre flores al pie de ese recuerdo, como testimonio de la gratitud de un pueblo…” (8 de noviembre 1976) Mons. Argimiro Daniel Moure, Obispo de Comodoro Rivadavia: “Como Obispo de la Patagonia Central me toca palpar el reguero de bien que este fiel hijo de la Santa Iglesia... ha dejado detrás de sí… Por todo esto… en vista de la necesidad que tiene nuestro tiempo, nuestra América Latina, nuestra Argentina y nuestra Patagonia de hombres que representen en forma inmediata y asequible, pero no por eso menos auténtica, la figura de Cristo vivida en el estilo y circunstancias de nuestro tiempo y con la recia hondura intemporal del Evangelio, me atrevo a pedir la introducción de la causa de beatificación”. (24 de noviembre de 1976) Mons. Carlos Mariano Pérez, Arzobispo de Salta, (que lo trató por más de veinte años, fue su Superior religioso y presidió sus funerales): “Secundando una íntima, firme y constante convicción mía sobre las virtudes extraordinarias practicadas en vida por este eximio religioso, solicito…” (16 de marzo de 1974) Mons. Miguel Raspanti, Obispo de Morón: “Se brindó con sacrificio y celo encomiables a los enfermos… ejerciendo la caridad más exquisita y la humildad más sincera… en la atención de toda clase de enfermos, hasta los crónicos y abandonados por el término de 47 años consecutivos, irradiando su personalidad verdaderamente heroica… Fue un dechado de virtudes, expresadas en una vida sencilla sin estridencias… Dejó una estela luminosa durante su vida y después de su muerte. Se lo recuerda por donde pasó haciendo el bien y sembrando amor y caridad”. (6 de diciembre de 1976) El 1 de julio de 1979, S.S.
Juan Pablo II aprueba el pedido y el 22 de Marzo de 1980 el Obispo de Viedma
abre el proceso diocesano y crea el Tribunal especial.
Corolario Estamos ciertos de que la
Beatificación de Don Artémides Zatti, el “enfermero santo
de la Patagonia” traerá un nuevo impulso a la causa de la evangelización
de nuestras tierras.
- para los laicos en general: por la eficiencia de su testimonio de caridad y de pobreza, de integración y compromiso en la asociaciones y como sacristán en su parroquia; - para misioneros y evangelizadores y para cristianos empeñados en tareas asistenciales y benéficas, por su actividad en la administración hospitalaria, como enfermero y farmacéutico; - para los religiosos, según las orientaciones conciliares del Perfectae Charitatis: apostólico y contemplativo, integrado a su comunidad y abierto a las necesidades del ambiente circundante; pobre y magnánimo; puro y sin defectuosas inhibiciones; obediente y responsable; siempre disponible a todo el mundo y siempre puntual y preciso en los compromisos de su comunidad; - para religiosos laicos: por su descollante participación en la vida y en las obras de su comunidad religiosa, en la que llegó a ser figura “clave”, mucho más que sus cohermanos sacerdotes; - para los hermanos salesianos coadjutores, cuya identidad original, según la inspiración carismática del fundador, reafirma y clarifica, consagrando el mundo desde el trabajo y educando a los demás, como religioso, en la animación cristiana de los quehaceres temporales; - para emigrantes, que deben adaptarse –como lo hizo él- a un ambiente diverso, buscar trabajo y cambiar de oficios; y esto sin atenuar el vigor de la fe y respondiendo fielmente a los llamados de Dios; - para los auxiliares médicos y, en general, para los laicos que desempeñan profesiones al servicio de los hombres de su tierra y de su tiempo: por la competencia superior con que ejerció su profesión de enfermero, reconociendo con justeza el lugar que le correspondía entre el médico y el paciente; - para los cristianos en general: por haber sido, aún sin ser sacerdote, signo luminoso de la presencia de Iglesia en el dolor humano y junto a los pobres y marginados; también por su preocupación por la clase obrera y la entonces denominada “cuestión social”, desde una perspectiva plenamente evangélica. Mantuvo el espíritu de unidad de religioso laico y de cristiano santificado en el ordinario quehacer administrativo, en el de la pastoral de la salud y como un modelo de inmigrante (en un pueblo como el nuestro, formado también por infinidad de oleadas migratorias). |
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